sábado, 9 de diciembre de 2017

Me levanto pensando en escribirte. Contarte todo lo que me ha pasado desde entonces, darte mi mirada, vomitarlo todo, acercarme a ti, acercarte lo que yo llevo en el cuerpo. Abrir el canal emocional, acercarme, y contarte, necesito que me entiendas. Me acuerdo de S diciéndome en terapia: ¿de qué marina me estás hablando? Esa relación de la que hablas, esa marina con la que tenías una relación tan bonita, ¿la marina de la que me hablas ahora es la misma que entonces? Porque no lo parece, amor...Y tienes razón, supongo...pero yo necesito creer que la gente se equivoca, que la gente que te quiere a veces te hace daño, porque no ve otras cosas, no lo sé...me da miedo lo contundente, me da miedo...la pérdida, supongo. Ese abismo que mientras rondas da tanto miedo, y cuando te acercas y saltas es un terraplén y estás en la meseta, amplia, abierta, y puedes ver el horizonte...Pero mi cuerpo aún está en proceso, cuerpo maraña, pequeño trozo de carne y amor hecho embrollo, no te voy a llevar al límite, no ahora. Respiro. No escribo. Me escribo a mí. ¿Todo eso entonces me lo quedo yo? ¿Y el atasco, el trauma, lo que no se resuelve, si te lo quedas? No se quedará ahí, se desliará, de otras maneras, con otras supongo, y dejará de ser la referencia significativa a la que hablarle, mi ancla mis ojos mi mirada mi cuerpo buscando mi ansia mi aliento se irán posando en otros cuerpos, en otras manos, en otras miradas que hacen cuerpo que hacen casa. No hard feelings, después de la angustia creo que con esto elijo la calma.


miércoles, 11 de octubre de 2017

El miedo da mucho miedo. Debajo quiero decir: me da mucho miedo dejarme sentir el miedo. Soltar, vivirlo, vivir con el, navegar, despacio, y no saber qué va a haber después. Todo parece apuntar que ese miedo se va a mover. Se va a transformar, a lo largo de las semanas, los meses, los años. No va a ser siempre así. El borde del precipicio al que no puedes acercarte, que una vez te acercas y es la repisa de una preciosa ventana de un primer piso, con su fachada calada y sus geranios en su calle luminosa. Huele a azahar y hierbabuena, ese "olor a mandarinas". Seguramente no sea eso lo que viene después del miedo, seguramente está ahí aunque no puedas saberlo ni aún atreverte a mirar. Vértigo, control. Paradójicamente primero tienes que soltar para después saber qué es lo que necesitas sentir que ya no te controla.
Controlar otra vez para no sentir ese miedo, no asomarte nunca, mantiene la sensación de amenaza y lo que hay al otro lado del precipicio sigue siendo un fantasma. Soltar los mandos, respirar hondo, y no hacer nada. Protege tu espacio aunque ahora no sea lo que te pide el cuerpo. Proteger el espacio para poder: respirar hondo y asumir que siento miedo, sentarnos (miedo y yo), y esperar a ver qué pasa.

jueves, 5 de octubre de 2017

Hay raíces en las raíces de las raíces
hay un bosque infinito
hay una selva mojada que se desborda a raudales
hay millones de helechos en la sombra fresca de estas paredes
que dicen ser cuerpo, quien sabe

yo sé
y lo sé porque es mi cuerpo

lo extraño es que sean paredes
porque no contienen, aunque protegen
son parecen caudales
de ida y vuelta, humedales
son lugares.



Soy el duelo
Soy la noche
La tristeza

La negrura
El camino oscuro
La pérdida


Yo...[...]


Qué le voy a hacer si este cuerpo

está tranquilo y busca tu piel

respira el azahar y ponte
esa flor de hibisco en el pelo, morena
y al lado una
ramita de hierbabuena

sal a la noche y respira
tu horizonte es la luna llena.







Retales del 23/08/17







martes, 8 de agosto de 2017

Ya no hay una amenaza, pero hay un daño. Respeta ese daño, no lo fuerces. Eso te hace estar cerrada, porque ese daño necesita repararse. Respeta tu propio cuerpo, dale el espacio.