miércoles, 6 de febrero de 2013

noviembre llegó con frío



Y después de dos meses,
que son, en realidad, un año más,
que es, en realidad,
todo el tiempo que nos conocemos,
se ha venido otro adiós.
No sé porqué
este adiós me sabe viejo ya
me sabe a que es el mismo
que tantas otras veces.
Dices que este dolor se ha vuelto una rutina fría
y la verdad es que yo sólo he tratado
de enfriar con palabras
un pequeño espacio para poder encontrarnos,
porque este amor que ha sido ya de tantas maneras
y a tantas distancias diferentes
nos estaba quemando las ilusiones entre las manos.
Pero si algo se nos da bien
si algo nos ha traído hasta aquí
es que por más ilusiones que se nos hayan arrugado entre los dedos y el corazón
no hemos podido, sabido o querido no dejar que brotaran
por todos lados
ganas, ganas y más ganas.

Es por eso que me es tan difícil
decirle ahora a mi corazón
que deje de brotar primaveras,
que deje de crecerse al sol,
que deje de bailarte el agua y de regocijarse
que deje de ser feliz amándote
que se guarde el calor...

Es tan difícil cuando no es el amor lo que duele
sino la esperanza...
Es tan difícil sentirte esperando
amar como quien salda una deuda
cantar poesía y que suene a contrato

Es tan difícil quererte y tener que secarme el brillo en los ojos
cantarle a la ilusión cada vez más bajito
hasta mecerla dormida y la melancolía,
el sabor a sequía de aprender
que te amo y me amas
y no amamos de la misma forma
y no hay forma de encontrarnos.


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