martes, 4 de marzo de 2014

Podría haber sido su profesora


Estoy sentada en su cama. Ella viene de frente, se sube y encaja su cuerpo contra el mio con las piernas abiertas y sus brazos alrededor de mi cuello. Su cabeza se inclina sobre mi oído: -no dejo de pensarlo, podrías ser mi profesora-, me dice mientras baja la cabeza y baila su mirada entre mis ojos y mi boca. Está claro que esa idea le encanta. Y yo...

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