lunes, 14 de abril de 2014


Los momentos de bajón nunca son buenos para analizar las cosas. Así que quizá este es un momento peineta que necesito, y para eso estoy, para acompañarme a mí misma a los lugares donde no me siento fuerte o con ganas para ir. Feminismos y autogestión de la vida. Autogestión de la vida y dinero. Dinero y trabajo asalariado. Esa es la cadena de consecuencias que me trae hoy aquí.

Llevo más de 4 meses trabajando en algo que quería hacer sí o sí. Abrir un espacio donde poder pensar juntas y compartir en torno a algo que me implica. Da igual qué: construir autonomía, construir nuestros espacios, alimentar nuestra red -en un lugar además donde la red es fragmentada y escueta, y construir red es ásperamente difícil, aunque muy concentrado cuando llega, muy de secano-. Y me llaman para un curro. Temporal. Una campaña de 10 días. Justo en las mismas fechas que nuestras jornadas.

Un curro del que ya me llamaron hace un tiempo y dije que no podía porque estaba en una celebración de alguien cercano, para quien era importante que yo estuviera ahí (aunque no lo dijera ni reconociera la importancia de un trabajo, aun temporal, en mi vida precaria - eso también es el patriarcado). Después de tanto tiempo sin currar y sin ingresos autogestionados ya no cabe priorizar otra cosa.

Odio la familia nuclear. Probaría a caerme a ver si otrxs me sujetan pero siento que podría pudrirme de asco y tristeza. Y si eso pasa algún día, prefiero que sea por decisión propia.

Me siento como la chica de la imagen: construir puertas en las jaulas para que lxs pájarxs puedan salir, o construir lxs pájarxs mismxs para poder escapar hacia un otro lugar, aun sabiendo que puede pasar esto. Porque por lo menos lxs pájarxs serán reales y estarán ahí. Por lo menos lxs pájarxs servirán para vivir, aunque no sea a mí.


Volad, bellxs...                       

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