martes, 17 de marzo de 2015

Andaba por el bosque desnuda, con el pelo y el cuerpo revuelto, magullada, sucia de sorda y hueca desesperación. Andaba buscando un árbol, cualquier árbol, una casa. Me he ido metiendo en todos los pozos de agua estancada, he ido caminando por todos los barros de arenas movedizas, he ido buscando el bucle que me tapara todos los poros de mi cuerpo hasta no dejarme respirar, que me llenara la garganta para no dejar resquicio de aire, que me llenara los oídos para amortiguar los sonidos hasta el silencio, que me inundara la caja toracica para que dejara de resonar. 

He puesto un pie detrás de otro buscando el alud que tapara la luz del sol para no mirar la pequeña que titilaba a lo lejos, tan dentro de mí que no la oía, enterrada. 

Han pasado 20,18,15,13,9,7 años y la luz sigue titilando con una feroz ternura, alumbrando un camino que he tardado 7 años en estar preparada para mirar. Una honestidad radical: tienes que mirar esto para seguir siendo tú. Empapelé las paredes con papel continuo para sacarlo todo a fuera y mirarme y no pude. Lo llené de vosotrxs, me llené los ojos de afuera para no sentir el vértigo de caminar por el borde de ese precipicio. 

Ahora me siento preparada. 

Ahora tengo un nombre, ahora tengo palabras.






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