sábado, 22 de agosto de 2015

Me cansa esta sensación de trascendencia. Antes me encantaba. Ahora quiero sencillo, vivirte cada día, viviros cada día, vivir - me - cada - día. Quiero los días buenos y los días malos. Quiero que no vayamos con todo al 100%, que no vayamos al todo o nada. Quiero sencillo, tocarte el pelo, escuchar que te ríes, preocuparme absurdamente por María, como una madre, como una novia. Quiero cada siesta que dormimos juntas. Quiero que Clau me llame bichito. Quiero decirle que mi vida me gusta más con ella, quiero decirle que vaya suerte, compañera, tenerte cerca. Quiero jugar con la cachorra si se puede, y si no se puede, pues igual quiero, y hace sol, y todo sigue viéndose limpio. Quiero flotar. Quiero a Lucas, y a María, y tengo miedos, ahora son pequeños, son míos, mis bichitos. Quiero nadar e imaginar que no hay nada más y no escuchar nada más que el agua. Quiero sentirme las piernas cargadas. Quiero que nunca deje de ser verano y quiero no sentir la intensidad de todo todo el tiempo. En serio, la vida ya es demasiado intensa, en serio. En serio, me cansa sentir que cada paso que doy en la misma acera camino de casa es un paso más de mi vida, que yo decido, y sentir casi el crujir de cómo voy construyendo mi vida en cada momento. Quiero simplemente caminar. Y que nunca deje de ser verano.

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