viernes, 21 de agosto de 2015

Tenía 16 años y volví un día antes porque me llamaron para decirme que ella estaba en el hospital. No te avisé. Fui a trabajar, volví sola a casa, dormí como pude, me desperté y fui directa al hospital. Estaba en la uci, inconsciente, conectada a un montón de cosas que la mantuvieron "con vida" durante 4 días hasta que decidieron desenchufarlas. Recuerdo perfectamente ese momento: el médico saliendo, preguntandome por la familia de X, yo corriendo a buscar a su hermano, el horror, la urgencia. Sabía, yo ya sabía lo que estaba pasando, pero joder, quería tantotantotanto que no fuera eso, tanto. Y tú me embroncaste, ¿cómo no me has avisado que habías venido antes? Seguro que querías montarte una fiesta en casa. Puntos suspensivos. Yo quería meterme en la uci y tumbarme a su lado, y hablarle. Hablarle mirando al techo, hablarle hasta no poder más, y luego callarme de puro agotamiento y simplemente quedarme ahí, con ella, escuchando el respirador subir y bajar, subir y bajar, subir y bajar. Cerrar las cortinas para que no se amontonara nadie más a mirar desde el otro lado del cristal. Yo quería ser yo la que desenchufara las máquinas, la que la vistiera para el entierro, peinarla, maquillarla. Yo nunca le habría puesto ese amarillo en la cara, no era ella, estaba irreconocible en el velatorio, ella no era así. No recuerdo la ropa que llevabas, fui incapaz de quedarme mas de dos segundos delante del cristal, ni siquiera recuerdo si te veíamos de cuerpo entero o estabas medio tapada, no se ni si eso es posible. Yo habría elegido unos lois de los que llevabas siempre, encantada del culo que te hacían, tan feliz siempre. Tu pelo corto, que no te creía capaz hasta que te vi. Había tantísima gente. Una misa absurda, un entierro más íntimo. Por fin, llorar. Y desaparecer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario