jueves, 14 de abril de 2016


La calma y las turbulencias tienen una relación curiosa.
Curiosa.
Palabra redonda
Se hace eco
oye
se oye
y se acaba encontrando consigo misma otra vez
resbalando por mi paladar río abajo
suave, rojo oscuro y aterciopelado.

Curiosa se encuentra
la pescadilla que se muerde la cola
algo como el infinito
tan fácil de desmontar como un solo hipo pequeño
de una palabra que se tropieza
porque pesa
se trastabilla los pies cuántos tiene quién sabe
se tropieza
y el infinito queda ridículo, sentado sobre mi lengua.
Ay, pequeño
corazón
te queda aún por aprender las cosas importantes de la vida:
los bordes, los límites,
dónde
empieza
y termina
cada cosa que es
y significa.

Ay, cachorro, corazón,
ven.
Ven a mi abrazo,
ven que te voy a cantar y a acunar hasta que te pase la pena
hasta que te duermas en mi abrazo y sueñes
lunas de hilo de plata,
una noche negra, como en los cuentos
y sueñes que te sueñes tumbado en un monte bajito, y solitario,
mirando en la oscuridad un enjambre de estrellas, que bailan
tiernas y furiosas,
en el azabache radiantes.
Ven a mi abrazo, que yo te sostengo
mientras duermes
soñando un cielo.





No hay comentarios:

Publicar un comentario