jueves, 1 de septiembre de 2016

Adrienne decía que siempre es la noche lo que se rompe. Ahora no son las noches, son, son los días los que se hacen largos. No se llegan a romper, pero el tiempo parece que no pasa. Parece que estás bajo el mar, tio Jossi. Tú también, cariño. Toda la casa está bajo el océano. Él quiere tener la criatura. Ellos se van a separar. Ya no se acuestan. Tirada en el suelo levanta la mano recorriendo sus piernas, mientras las besa muy despacio. Ella se recuesta y se baja los tirantes, cierra los ojos. Me pone triste. Recordar tus manos en mi piel, esa ternura tan tuya conmigo. Mi pelvis bajando hasta el borde del sofá, tú de rodillas delante mío, entre mis piernas. Oírte respirar, abrazarte con mis mulsos, girar juntas. Tú delante mío en la encimera de la cocina. Yo mirándote entera en el colchón de mi patio, acariciarte la piel. Las dos en la bañera de tu casa, recostada sobre ti. Tú bañándome tan despacio y tan dulce después de un día tan largo. Tú dibujándome y yo dibujándote a ti en una habitación de un hostal precioso en otro país. Tú tomando el sol en uno de mis rincones favoritos del mundo, yo dibujándote el contorno, las costillas. Yo sentada a horcajadas sobre ti y tú sosteniéndome entre los brazos, follándome tan despacio, sentir tu cuerpo, tu respiración, dejarme ir contigo, quererte tanto. Tú metiéndome en la cama con tanto amor, quitándome la ropa, mirándome un momento tan así...Sentir cómo te metes en la cama, buscarte casi sin abrir los ojos, besarte la piel y respirar tu olor antes de darte las buenas noches. Levantarme con la cafetera preparada. Entrar a la habitación intentando no hacer ruido, mirarte dormida y no querer despertarte. Querer quedarme simplemente ahí, mirándote, acariciándote, hasta volver a quedarme así dormida y recostarme contigo. No querer ir a trabajar, sólo para mirarte tan dulce y tan relajada un par de horas más y poder despertarme contigo. Estar cuerpo a cuerpo entre cuerdas contigo. Aún no puedo pensar en eso. Sentir tu mano en mi muslo mientras conduzco tu coche y cantamos. Tú comprando mi chocolate favorito. Darte una llave de mi casa. Tú viniendo a verme directa desde la guardia y metiéndote en la cama contigo. Mirarte en la ducha, apoyada en la ventana. Despertarme en tu cama, antes, en aquella casa, con toda esa luz. Acariciarte la nuca en silencio mientras te tiemblan los labios y los ojos se te humedecen. Acompañarte en un proceso difícil, maldita burocracia. Mirar cuentos juntas después de una noche difícil para mí, de gabinete de crisis. Escribirte cartas estando de viaje. Escribirte. Escribirte. Escribirte desde que te conozco. 








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