viernes, 23 de septiembre de 2016

He reordenado el cuarto. He rebautizado tu cajón, después de cuatro meses vacío, con una toalla que nunca llegaste a usar, ahora es el cajón de las pinturas. Dejar de escribirte, me digo. Es el siguiente paso, me digo, pero no puedo. Entre las pinturas está el cuaderno precioso que compré para hacerte aquel cuento de cuerdas ilustrado por tu cumpleaños. Infinito trabajo entonces, pospuesto hasta tener el tiempo de dejarme bucear sin rumbo e ir construyéndolo. Después del trabajo no hubo cuerpo posible para esto. Dejar de escribirte, me digo. Es el siguiente paso, me digo. Pero no puedo. Quizás aún no es el momento. 

Ese cuaderno es ahora un precioso cuaderno de hojas negras y gruesas que algún día tendrá otra vida. No llegué a atarte desnuda. No llegué a atarte con los ojos tapados ambas. No hubo tiempo y energía o decisión, o cuerpo, o ilusión o compromiso, o autonomía suficiente para esa sesión de juego que te pedí por mi cumpleaños. Nunca hubo un no explícito, y yo seguí elaborando todas esas formas de atarte para éste y esos otros juegos en mi cabeza. Acaricio el cuaderno con las manos y me pregunto qué significa todo eso ahora. Supongo...que significa que he vivido. Quiero escribir que hemos vivido, pero me invito a pensar con suavidad que has cerrado ese nosotras, y que para empezar a dejar de escribirte tengo que empezar a escribirme sin ti, aunque me duela, aunque no quiera. Con suavidad, caer sin golpear, cerrar sin golpear.

Qué se cierra y qué no se cierra, es otro de los esfuerzos. Te he atado tantas veces y te he sentido tan cerca, me he sentido tan viva. Nos hemos atado tantas veces y nos he sentido tan potencia y tan únicas, tan conectadas, tan nosotras. ¿Te acuerdas de esa sensación de la que hablábamos a veces y nos reíamos en el ND cuando estábamos en un taller, en el garaje, bailando? "si estuviera en esta sala y viera este grupo desde fuera, es donde querría estar", pues eso me pasaba contigo con las cuerdas siempre. Cuerdas, tú y yo, ese lugar único para estar en el mundo. Sencillo, vibrando, radiantes. Esa sensación arrebolada al pensarlo después de que cualquier persona que nos viera desearía estar en nuestro cuerpo. Supongo que eso es sentirse afortunada. 

Dejar de escribirte, me digo. Es el siguiente paso, me digo. Pero quizás aún no es el momento.





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