martes, 20 de septiembre de 2016

La triste belleza de la verdad



La belleza incontenible de la luz. La luz no se rompe, se refracta en mil haces, lo inunda todo, aunque no la puedas ver...

Recogerlo todo, meterlo en cajas, cerrarlas con serenidad. Dejarse resonar en este espacio vacío que es ahora este lugar del templo. Mirar las paredes desnudas, expandirse, olerlas...son mías...todas abiertas. No hay prisa en decidir qué voy a acoger ahí...No hay prisa en buscar algo que tenga sentido para mí, este espacio diáfano está bien. Puedo acariciarlo...Apoyar las palmas de las manos, sentir el frío, apoyar los labios, sentir mi respiración encontrando dónde expandirse y acariciarme a mí. Girar y apoyar el costado, la nuca, estirar el pié y dejar que se lleve con él el resto del cuerpo, la espalda rozando la pared, todo su dibujo, toda la geometría. Reconocerlo, aprender a habitarlo ahora así, de nuevo. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario