jueves, 8 de septiembre de 2016


Llego a casa y abro el ordenador directa. Mi cabeza necesita sacar cosas afuera. Me siento a escribir un Algunos de los sufrimientos son (I, II) sobre la familia, sobre cosas que están pasando cerca mío y sobre otras que llevo grabadas a fuego en el cuerpo. 

Algunos de los sufrimientos son: He firmado la emancipación de mi hija, es lo que ella quería y después de cuatro años necesitamos descansar. Hace dos días que se fue. No me contéis nada de ella, no quiero saber. Si duele no es amor. Pues yo necesito entender que aunque me ha hecho mucho daño, puede quererme. Hay silencios que desarman y hacen un daño mucho más profundo que algunos gritos. No podías exigirnos eso, eramos niñxs. Nunca me gustó ese X (es su nieto, y tiene 6 años). Tuve una infancia jodida. La pasión no te protege de romperte. Qué pasa si te rompes cuando ya tienes hijxs. Ellxs se pueden romper también. A veces llegábamos a su casa y su padre estaba borracho y dormido en el banco de enfrente. Otra vez. La gente se quiere y se hace daño. Relaciones que llevan años sin funcionar, haciéndose polvo unas a otras, pero no sueltan. En la familia la intención no es todo lo que cuenta, seguramente ni siquiera lo que más cuenta. 

...

Quiero escribir este Algunos sufrimientos son sobre la familia pero no lo consigo. Estoy desconcentrada. Miro el teléfono, abro algunas páginas de internet, fumo.  Es jueves, y me parece mentira que en nada va a empezar octubre, y tengo mil cosas que preparar. Y aún tienen que pasar muchas cosas antes. Pienso en la familia, la familia, la familia. Las formas en que se construyen las familias, las formas en las que se tambalean, las heridas que traemos, las que llegan por el camino. Pienso en todo esto para aterrizar el romanticismo de la crianza que de a ratos me arrebata. Arrebatada, esa palabra me recuerda a ti. Creo que antes de ti no la habría utilizado, no estaría en mi campo semántico de las emociones. Y sin embargo me gusta, tiene mucho cuerpo, trae mucho cuerpo. 

Anoche tuve conmigo a la bebé del grupo X mientras desmigaba un trozo de pan a conciencia, migaja a migaja, y se las llevaba a la boca. Su papá nos dijo que era la primera vez que hacía eso, asistimos al precioso momento de ver a X investigando y aprendiendo a hacer algo de una forma nueva. Luego se cansó y se dedicó a jugar con nosotras, tirando el pan al suelo para que lo recogiéramos y se lo devolviéramos, para volver a tirarlo, y así. Tiene unas pestañas inmensas esa cachorra, y me sorprende que no se extraña nada de estar cuerpo a cuerpo conmigo, la primera vez. Su papá me explica que los dos primeros meses estuvo piel con piel sólo con ellos, para que reconociera su olor como un lugar seguro y de referencia, y que después han hecho porque esté con otra gente, que conozca otros olores, otros cuerpos, con algunx de ellxs cerca, para que aprenda a socializarse. Hay gente que espera a la guardería para que aprenda a socializarse con otrxs niñxs, nosotrxs pensamos que esta era una forma de que se acostumbrara a la gente mucho antes. Me encanta, y parece que a la bebé también. Está absolutamente tranquila y centrada en su misión migajas. Así sí. Mientras tanto, su mamá está en una "pseudocita" y su papá me cuenta que está saliendo de un proceso de ruptura, que no está saliendo como a él le gustaría exactamente, pero que está tranquilo. 

Adoro este momento y lo guardo en mi cuaderno de recuerdos corporal de sí se puede, junto a las demás historias que conozco, que he tenido cerca, que he leído y que he vivido. El mundo no está hecho para nosotrxs, pero igual seguimos viviendo y sobreviviendo aquí, y los momentos bonitos me calientan los ojos y el corazón. No sé si criar será una opción para mí, y sé que construir una familia no es fácil en este mundo, que no vale con sólo querer muy fuerte hacerlo bien, pero me aterrizo en estas familias abiertas que se comparten y me calma. Ya no necesito escribir ahora el Algunos sufrimientos. Por hoy se siente cálido ser distinta. 





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